PARTE DEL TESTIMONIO DE HENRY PREZA-A 2007-

    EL TESTIMONIO DE UN JOVEN

 

Nací el 14 de octubre de 1986. Exactamente cuatro días después del terremoto del mismo año. Nací en medio de la tragedia nacional y los más grandes temores de la guerra que se alzaban. Guerra civil que en El Salvador dejó miles de muertos y mucho rencor nacional.

 

El momento de mi nacimiento fue cuando dentro de mi familia  se estaba viviendo crisis financiera. Situación que sea gravó un año después con el nacimiento de mi hermana Johanna.

 Henry Preza y Johana Preza

con su abuelo

Sin embargo, nunca nos hizo falta nada incluso en medio de los problemas complejos que trajo el desempleo de mi madre.

 

Todas estas situaciones movieron a mi mamá a que aprendiera el oficio de la costura. Eso vino apalear la situación aunque un poco.

 

Digo que nunca nos hizo falta nada porque mi Padre siempre fue muy sabio en las finanzas. Preferíamos vivir en los peores mesones de nuestro Barrio que vivir en un apartamento y sin poder pagar. 

Su hermana Jessica Preza, Henry

de 3 años 

 

Llevé mi infancia de manera anormal, pues, era muy enfermo y no practicaba ningún deporte. En el mesón había algunos niños, pero, no me dejaban salir de la casa y no conocí a nadie de afuera durante mis años sin ir a la escuela. Eran años en los que no confiábamos en nadie y mis padres preferían que no saliéramos de la casa.

 

Cuando yo tenía seis años comencé a ir a la escuela. Mi llegada a ese lugar fue muy impresionante. Mi forma de actuar era muy torpe y difícilmente podía hacer amigos porque tenía una forma muy torpe de pensar.

 

Todos los días de mi primer grado mis compañeros de la escuela me robaban el dinero y me llamaban a jugar sólo para golpearme. En una ocasión una niña me quito el reloj que mi hermana Jessica, la mayor, me había regalado y ni cuenta me di hasta que fui a la casa..

 

Casi todos los días llegaba golpeado a casa por niños más pequeños que yo. A mi padre no le interesaba eso. Es más sólo me decía que era un bueno para nada, que era una vergüenza que fuera así.

 

Esto marcó los primeros tres años de la esuela hasta que llegué a séptimo grado donde las humillaciones volvieron a tomar fuerza.

 

Realmente, casi no le tomaba importancia a esos detalles, ero, si había veces que me sentía humillado. Había algunas cosas de las cuales ellos se burlaban más: era inútil para el deporte y corría de manera extraña. Eso hasta el díada hoy, pero, ya no se hace tan evidente porque ya no me toca involucrarme a la manera de un niño en estas cosas y mejor las evito.

 

En los primeros años mi falta de capacidad en las cosas que mencioné me hizo ser rechazado y marginado por los mismos compañeros de mi edad. Me ridiculizaban por no poder jugar con ellos. Querían alguien que metiera goles, corriera rápido y fuera famoso: Misión Imposible.

 

Era solitario y eso hizo que desarrollará mi imaginación y me distrajera jugando con piedras y granos de arroz.

 

Uno de los consuelos que tenía era ir a la granja  donde trabajaba con mi padre. Solía sentarme al centro donde había dos mil gallinas y jugar con una o dos de ellas (aunque a ellas no siempre les gustaba).

 

Los animales fueron los únicos amigos que recuerdo haber tenido hasta los catorce años, si se les puede llamar amigos. Esto hizo que yo fuera malo en las relaciones con los demás e hiciera cosas ridículas.

 

Una vez estaba corriendo en una clase de educación física y de repente todos se estaban riendo a carcajadas (les parecía chistosa mi forma de correr). Vino otro y no le basto, me empujó y me golpeé la cabeza en una grada.

 

Otra ocasión tenía sed y me hicieron una broma dándome desinfectante de piso, era  tan torpe que ni cuenta me di hasta que estaba vomitando.

 

JOHANNA, HENRY Y JESSICA PREZA

Foto tomada año 2004

Sin embargo, esto tenía una ventaja, y era que para huir de la humillación los ignoraba y me dedicaba a estudiar. Llevé por varios años el primer lugar y era reconocido como el mejor estudiante de la escuela por los profesores, pues, para mis compañeros era un “tonto dedicado” aunque usaban palabras más fuertes para decir eso.

 

Prácticamente eso me desfavorecía con ellos ya que me odiaban más que nunca y me humillaban cuando no habían profesores. Todos esos años lo único que logré fue que me utilizarán para que les hiciera las tareas o les diera dinero.

 

En los primeros tres años aprendí a hablar en público. La primera vez pase a  decir un poema para la patria. Se me olvidó, me ridiculizaron pero, no lo vi como un trauma sino como un reto. Aunque tenía la disposición de volverlo a hacer los maestros quedaron tan avergonzados que no me dieron otra oportunidad hasta tercer grado (dos años después), para el día de la madre. Era un poema corto, pero, mi mamá estaba feliz porque no me puse nervioso. Me eligieron desde allí para casi todos los actos públicos dentro y fuera de la escuela. No siempre salía ganando. Por irresponsabilidad en estudio de lo que iba a decir me quedaba en el aire, pues, no había aprendido a improvisar. Pasaba ratos de vergüenza que me ayudaron a mejorar. Era la parte de mi que ni yo me ponía a pensar que tenía, porque estaba enfrascado en mi soledad sin pensar que realmente hacía muchas cosas y era apreciado por algunos en la escuela.

Me recuerdo haber tenido un compañero que se llamaba Salvador. Fue alguien con quién nos llevábamos bien. El era mayor unos dos años y me protegía de las agresiones y me escuchaba. Lamentablemente, mi papá me prohibió que le hablara porque a él no le gustaba que tuviéramos amigos. El día que me lo dijo hasta me golpeo. Así terminó. Ese año pase al turno de la tarde y jamás lo volví a ver desde esa última vez. No sé que le habrá pasado.

 

Además no tenía nada de paz en mi hogar. Mi padre tenía ataques de celos o ira y le pegaba severamente a mi madre. Eran peleas con gritos, ofensas, ultrajes y golpes. Yo lloraba escondido en mi cama como lo hacían mis dos hermanitas.

 

Un elemento que no olvidaré es que aunque vivía con mi familia era como que viviera sólo porque casi no pasaba con ellos. Así que me dedicaba a pensar.

 

Al llegar a los diez años comenzó la parte crítica que me llevó a los pies de Jesús. Esta es una parte que no me gusta mencionar ni recordar, pero, que forma parte de mi testimonio. No me gusta recordarla porque tenga miedo a volver sino porque siento que fue un tiempo de desgracia para dejarlo en el cesto de basura donde Cristo Jesús lo tiró. 

 

La soledad fue aprovechaba por el enemigo para mandarle dardos a  mi mente y llenarme de temor.

 

         Comencé a tenerle miedo a la muerte, y pensamientos obsesivos que aparentemente no provenían de mí tenerlos. No creo que el demonio se haya metido en mi mente, porque yo era un elegido de Dios desde antes de estar en el vientre y nunca creeré que el diablo pudiera  hacer eso. El me susurraba los pensamientos y yo era simple en escucharlos, por supuesto, por no tener a Dios en el centro de mi vida.

 

Sin duda, el diablo quiso en esta etapa destruirme para que no viviera y sirviera al Señor. Puedo asegurar que la vida sin Cristo no es solamente soledad física sino espiritual, además que es lo más miserable que le puede pasar al ser humano.

 

La cosa se volvió aun peor. El miedo a morir se volvió un deseo a causa de la desesperación que me causaban los pensamientos obsesivos. Los pensamientos me dominaban y no yo a ellos. Esta etapa me enseño  a dominar mis pensamientos.

 

Eso me ayudaría años después en el campo de batalla espiritual. Dios me permitió pasar esto para que pudiera entender lo que es dejarse llevar por lo pasajero y ayudar a otros a ser libres del  yugo del pecado.

Del lado izquierdo al derecho, parte de abajo: Jessenia Preza(prima), Ana Iris(amiga), Johana(hermana Menor) y Henry Preza. En la parte de arriba de izquierda a derecha: Jeny Preza(prima), Marta Lidia y Bitia (amigas de la célula), Nelda(mi mamá), Jessica8mi hermana mayor) y la mamaá de Marta Lidia. Al fondo mi papá riendo.

Foto tomada 1999 

 

Durante esa crisis, cuando llegué a mis once años fue cuando Dios comenzó a visitar mi hogar.

 

En el mes de abril de 1998 mi hermana mayor Jessica recibió a Cristo como su Salvador por un mensaje del pastor Mario Vega que se transmitió  por la radio. Después hizo acto público de fe en una congregación diferente.

Un tiempo después mi madre también se convirtió por un mensaje de la radio. Dios comenzaba a cambiar mi hogar.

 

Mientras ellas comenzaban a gozar de Cristo yo luchaba por ser feliz. Al ver el testimonio en ellas algo en mí comenzó a suceder: Crecía en mi el deseo de conocer a Dios. Yo antes no era capaz de desear de Dios por lo que estoy seguro que era la obra del Espíritu Santo. Porque yo por mi mismo no era capaz de anhelar de Dios.

 

A mis once años era un adicto a la televisión y buscaba las escenas pornográficas así que tenía dos malos hábitos. Ante las prácticas pecaminosas el única que se alegra es el diablo.

 

A veces por las noches quizá alucinaba porque veía que todo daba vueltas alrededor de mí. Tenía gran temor y me ponía a llorar. En la casa me golpeaban cuando esto sucedía porque creían que sólo eran ganas de molestar.

 

En todo esto los conflictos  con mi padre se agravaron debido a la conversión de mi madre y hermana.  Sin embargo, por sus oraciones esto no duró mucho tiempo, pues, mi padre conoció al Señor por medio de una célula de hogar. 

 

Ese día mi mamá hasta se enfermó de alegría, dice ella. Ellas habían pasado ayunando por varios días por la conversión de mi padre y eso había debilitado su salud en gran manera.

 

Para ese tiempo el panorama estaba claro para mí: Si Jesucristo había hecho algo por mi padre sin duda podía hacerlo en mí.

 

En mi orgullo me empecinaba en ser católico hasta la muerte. Si Dios no hubiera intervenido milagrosamente de seguro estuviera muerto.

 

Como lo había dicho antes mi familia  fue convertida con las predicaciones de Iglesia elim. Sin embargo, debido a nuestra ignorancia y la falta de ideas sobre congregarnos allí nos congregamos en otra iglesia que por ese tiempo era de muy sana doctrina casi idéntica a Elim. Dios mostró su soberanía a ese lugar al mandarnos para aprender grandes lecciones y mostrarnos su voluntad y una visión clara de las necesidades que el evangelio presenta a causa de la no aplicación de los valores del Reino de Dios.

 

El día de mi conversión en la mente de Dios estaba estipulado desde antes de la fundación del mundo un 28 de Junio de 1998, día domingo. Ese día Dios mostró su misericordia y me llamó a su redil.

 

Estaba lloviendo, según recuerdo, aunque levemente.  Un líder de célula de esa denominación a la que asistíamos predicó en el culto de las seis de la tarde.

 

Dios me estaba tocando desde el inicio del culto. Sentía que el me estaba llamando. Llegué con una gran necesidad de Dios y desesperado por salvar mi alma. Los temores habían inundado mi vida y sabía que Dios tenía que hacer algo si quería ser feliz. 

 

No recuerdo tanto de su mensaje, pero, las palabras que el Espíritu usó para tocar mi corazón fueron: “Tu eres esa oveja perdida.” Esa frase no fue insignificante para mí. Me di cuenta que el estado en  que estaba era de perdición. Realmente, me encontraba mal. Esta sin Dios y era como una oveja perdida, a la cual la selva y el desierto, la noche y el día, como el frío y el calor estaban destruyendo. Entonces, inmediatamente después de esas palabras el Señor obró más fuertemente en mí.

 

Fue como si hubiera despertado. Mis ojos estaban abiertos y al fin podía ver con claridad.  Al mismo tiempo que sentía esperanza en Dios me sentía el más vil de la tierra al estar en su presencia queriendo favores y siendo tan malo. Al fin pude sentir todos los pecados que tenía sobre mí y reconocí el pecado como la causa de mis temores. El pecado era la causa de los pensamientos obsesivos, el pecado era el causante de mis pensamientos de muerte. Todo esto era culpa del pecado.

 

En ese momento Dios me estaba mencionado todas las cargas por medio de su palabra, yo las reconocía y él me las quitaba al instante.

 

El predicador continúo: “Reciba a Cristo. Venga, de le su corazón a Cristo.” 

 

Ala hora del llamado la gente comenzó a pasar. Yo fui el penúltimo. Estaba llorando. Pero, no quería pasar. Estaba luchando por tomar la decisión y por ratos hacía intentos de pararme. Mi padre observó mi actitud, y de repente yo lo toque con desesperación (tenía 11 años): “Papá, no sé que hacer, quiero recibir a Cristo.” Entonces él me tomo del brazo y con su vos fuerte, pero, como riéndose me dijo: “¡PASA!”. Les cuento a la mayoría que por emoción de lo que yo iba hacer él casi me empujo.

Mientras caminaba hacia delante el Espíritu estaba haciendo su obra. Comencé a  sentir libertad mientras iba reconociendo todas las cargas que llevaba.

 

De lo demás ya no me acuerdo muy bien. Sentí que mientras pasaba al frente las cargas desaparecían. 

 

Recuerdo muy bien la oración del diácono, que se llamaba Miguel como después me lo dijo al presentarse, él dijo en su oración en esencia esto: “Perdónalo, gracias por quitar sus cargas, ayúdale a soportar cualquier adversidad, hazlo un siervo fiel y que nunca niegue la verdad de tu palabra, que la defienda sin es posible con su vida y que sea un niño amante de ti y leal a tu presencia.”

 

Yo estaba de rodillas. Había terminado de llover. Cuando me levanté inmediatamente la gente nos grito: ¡Bienvenidos! Con sus manos levantadas (Esa era la costumbre para recibir a los convertidos en la iglesia).Después nos dieron indicaciones sobre la oración, lectura de la Biblia, congregarse y bautizarse. 

 

Lo primero que percibí fue la libertad. Estaba limpio de mis pecados. ¡Jesús lo había hecho!

 

Pudo decir que el diablo no llegó a molestarme como antes lo hacía. Antes recuerdo haber sentido y escuchado presencias extrañas en mi cuarto. Hoy cuando intentan hacerlo o lo hacen no pueden resistir el poder del Espíritu Santo y el nombre de Jesús y salen huyendo. Mientras estaba escribiendo estas líneas los tuve que reprender un par de veces en el Nombre de Jesús. Yo sé que a mi redentor no lo resisten.

 

LOS COMIENZOS.

 

Comencé a leer la Biblia, el evangelio de Juan. Esto abrió un campo de la vida cristiana que no conocía. También oraba. Y comencé a sentir Al Dios real que había alejado de mí para no sentirlo.

 

Algunas cosas no cambiaron en mi vida. Seguía siendo inútil para el deporte, sin tener amigos y ridiculizado como antes. Ahora según ellos tenía un defecto más: Ser cristiano.

 

Continúe cometiendo errores. Cuando yo no era cristiano ocupaba mi tiempo viendo televisión hasta ocho horas. Jugaba, ocupaba mi imaginación y cuando no tenía nada que hacer ponía mi mente en blanco y lo podía hacer por horas. Parecía que estaba concentrado en algo pero no estaba pensando en nada. La soledad realmente afecta y sólo alguien que lo ha vivido sabe a lo que me refiero.

 

Un día en la granja estaba con la mente sin ocupación y tuve el primer pensamiento obsesivo que recuerdo. En el momento creí que estaba loco. Estaba jugando que era carro, y de repente me deje dominar por mi mente y comencé a pensar que estaba loco, que estaba demente. “Te estas haciendo un loco y nunca dejarás de pensar que eres un carro,” susurraba el enemigo a mi mente.

 

Lo peor era sentir que estaba loco. En realidad no había aprendido a ponerle límites a mi imaginación  y ella me quería dominar a mí.

 

De repente,  aún pensamiento se le añadía otro y otro, y cada vez sentía que era peor. No sabía si era mi mente o el diablo o estaba mal de la cabeza. De vez en cuando me fortalecía y reprendía, no volvía a pensar en eso, pero, después volvía el problema.

 

Siendo ya cristiano comenzaron a llegar esos pensamientos obsesivos y otros más. Me llenaban de temor y sentía que estaba loco, pero, no quería sentirme más excluido y por eso no se los contaba a nadie. Fue como un año y medio después de mi conversión que luche contra esos pensamientos. Dios tenía un propósito, me estaba capacitando para ayudar a otros y tener carácter para no dejarme vencer por cualquier pensamiento. Eso me ayudó a no hacer todo lo que se me viniera a la mente, a decir que no y tener más convicciones. 

 

Oraba por horas, de noche y de día después de venir de la escuela. Huía de mis pensamientos. Leía mucho. Eso hacía que me sintiera bien mientras lo hacía. Después me sentía igual. El problema era que no los había combatido directamente. Usaba esos medios para huir cobardemente, pero, no tomaba la seriedad necesaria para vencerlos.

 

Había días desesperantes donde casi reclamaba a Dios diciéndole: ¡Hasta cuándo! No escuchaba a Dios diciendo: Hasta que tú ya no quieras seguirte mortificando más.

 

Un día que me sentía más desesperado de lo normal me dirigía a la iglesia con mi hermana y de repente vi un rótulo detrás una ferretería que decía:

 

“Que si confesares con tu boca, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación.”

 

En ese momento el Señor me hizo entender una verdad. Debo confesar con mi boca y creer en mi corazón la victoria de Jesús sobre el temor. Necesitaba estar a salvo de los malos pensamientos. “…Con la boca se confiesa para salvación.”

 

Cada vez que llegaba un mal pensamiento confesaba que Jesús era mi Señor y que en la cruz él había desecho las obras del diablo. Ya  no huí más de los pensamientos obsesivos. Decidí enfrentarlos. A veces decía: “Si Jesús resucitó de los muertos fue para consumar su obra de libertad así que pensamientos ustedes no reinan en mi, Jesús es mi Señor.” También decía: “Como creeré a algo que no es verdad, el diablo quiere que yo me piense miserable, pero, Jesús me ha dado libertad y todo pensamiento de mentira es un estorbo para mi comunión con Dios,” En otras ocasiones decía: “Pensamiento de mentira, no necesito pensar en ti, vete de mi.” Cambie mi estilo de vida. Oraba, pero, no para huir, leía, pero, no para esconderme. Si me quería obsesionar un pensamiento trataba de mostrarle al pensamiento que tenía que no era nada realista y no necesita de él.

 

Cada vez que los tenía los enfrentaba y no les hacía caso. Los humillaba con una confesión clara de la Palabra y la fe que tenía en mi Señor.

 

Fue la primera vez que sentí algo parecido a lo que dice la Biblia: “Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros.”

Reconozco que no era fácil muchos días. A veces desistía y volvía a sentirme desesperado, pero, no me daba por vencido porque dentro de mí sabía que era momentáneo y no tenía que ver en nada con la realidad.

 

Día a día oraba a Dios que me ayudara a ser mejor. Le pedía tener con quien hablar y tener amigos. Hasta el momento tenía un nuevo apodo: “Loco,” en referencia a que era cristiano. Ese apodo duró dos años. Mientras estaba en séptimo y octavo grado. Había estado luchando con el pensamiento de no querer volverme loco así que al principio tuvo cierto impacto en mí y quería traer pensamientos a mi mente, pero, con el tiempo me acostumbré a ignorarlos y ellos se cansaron también.

 

Jaime Montoya junto a Henry Preza en su graduación

 

Un regalo de Dios a mis oraciones fue conocer a un muchacho llamado Jaime Montoya, con quién comencé en sexto grado una buena amistad. Al principio éramos como rivales pues, no pertenecíamos  a una misma iglesia y a mi me gustaba argumentar con él cosas realmente raras como pienso hoy, pero, él a veces se molestaba. Aunque nunca después de siete años lo he visto perder la paciencia. 

 

Es muy paciente y santo, a él no le gusta decir mentiras y es muy bíblico.  Lee mucho, es bueno para el deporte, estudió teología en un prestigioso instituto y se dedica a la obra de Dios. Estudia por las noches y es muy formal y responsable. Otra cosa que admiro de él es su alto nivel de organización del tiempo y su seriedad.

 

A veces hablamos de la Biblia hasta horas. En tercer año de bachillerato hicimos un proyecto de jóvenes y congregamos cientos para hablarles de Dios. En ese año fue cuando más trabajamos en equipo. Sin él el proyecto no se hubiera realizado. Tuvimos un concierto con una cantante internacional y jóvenes se entregaron a Cristo. Ver http://espanol.geocities.com/practicandovalores

Esta amistad me ayudó a conocer más sobre lo valioso que son las personas y a platicar con ellos.

 

El 2 de mayo de 2000 conocí a Enereida Espinoza. Ella se convirtió ese año así que la conocí en la Iglesia. Ella es alguien fuerte en todo y le gusta depender de Dios y es muy formal, más que muchas hermanas que he conocido. 

 

Igual que con Jaime he llevado una gran amistad con ella. En realidad nunca hemos trabajado en algún proyecto juntos, pero, si nos hemos escuchado, hablado mucho y nos comprendemos perfectamente bien.

 

Decenas de personas creen que somos hermanos hasta el día de hoy. Así ha sido nuestra comunión. Creo que después de tanto tiempo uno hasta llega a parecerse, así que parecemos hermanos no sólo por la apariencia sino por como pensamos, hablamos y hasta caminamos.

 

Henry Preza y Enereida Espinoza

12 de abril de 2001

 

Fuimos amigos por mucho tiempo y lo seguimos siendo hoy, pero, hoy estamos además con planes para casarnos. Hemos comenzado un noviazgo hace unos meses y estamos muy contentos por eso.

 

Actualmente doy clases  y soy supervisor de células de Elim en Santa Ana. En esta historia hay un periodo de ocho años de mi servicio a Dios en otra denominación, pero, siendo esto sólo mi testimonio y primeros pasos omito esa parte y tal vez la cuente algún día.

 

Gracias a Dios por su misericordia.

 

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LA REGENERACIÓN

LA REGENERACIÓN

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 Henry Preza

henrypreza@gmail.com

 

La Regeneración también es mencionada en la Biblia como Nuevo nacimiento. Cuando el hombre sin Cristo tiene un encuentro con él nace una nueva vida. Dios le otorga una naturaleza espiritual. Por eso aquel que ha tenido un encuentro con Dios ya no puede seguir siendo el mismo.

 

El nuevo nacimiento es la única forma de recibir a Dios. A causa de la corrupción el hombre no puede llegar a Dios tal como esta. Tiene que convertirse en una nueva creación de Dios. Esto sólo se logra con la Regeneración que Dios obra.

 

Examinemos es estado del hombre sin Dios:

 

  1. Muerto espiritualmente: Dice la Escritura: En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados…” Efesios 2:1 Esto lo habla dirigiéndose a los cristianos, pero no sin antes recordarles la posición en la que se encontraban al no haber nacido de nuevo.
  2. No percibe las cosas de Dios: Esto es dicho por Pablo en 1 Corintios 2:14: El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente.”
  3.  
  4. Como está no puede entrar en el Reino de Dios: El Señor Jesús hablando del nuevo nacimiento le dice a Nicodemo unas palabras inolvidables que hablan al respecto: De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios --dijo Jesús… Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios --respondió Jesús--.Juan 3:3,5
  5.  

LOS RESULTADOS DEL NUEVO NACIMIENTO.

 

Dios crea una nueva naturaleza: La Escritura dice: Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.” Juan 1:12-13. 

 

“Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios --respondió Jesús--.” Juan 3:5 

 

Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación. Santiago 1:18

 

Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. 1 Pedro 1:23

 

Vemos en estos pasajes que la obra del Nuevo nacimiento se hace por medio de dos elementos muy importantes: El Espíritu Santo y la Palabra de Dios. Sin la obra del Espíritu y el poder de su Palabra el hombre puede buscar a Dios de muchas maneras, pero, sin lograr nada.

 

Por eso es que cuando una persona es que al fin puede buscar a Dios de verdad, puede buscar lo santo. Dice la Escritura: “Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.” 2 Pedro 1:4 Esa es la razón por la que el hombre no puede buscar la santidad, pues, no ha nacido de nuevo.

 

Se convierte en hijo de Dios: Solamente son hijos de Dios los que nacen de nuevo para Dios. Dios lo enseña en su Palabra bendita. “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo. Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios. Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano.” 1 Juan 3:8-10

 

Logra la vida eterna y entra en la vida de Dios: El que nace de nuevo tendrá su morada en el Reino de Dios y gozará de su presencia eternamente.

 

El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida. Juan 6:63

 

 

Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo… Colosenses 1:13

 

Para finalizar es bueno recordar que la naturaleza nueva no anula la naturaleza heredada de Adán. Al respecto el Manual de doctrinas Básicas dice: La naturaleza espiritual que se recibe en la regeneración no destruye ni anula la naturaleza adámica que tiene todo hombre. De manera que, en el cristiano, coexisten ambas naturalezas: la carnal heredada de Adán y la espiritual heredada de Cristo. El antagonismo existente entre estas naturalezas contraras generan en el creyente un conflicto permanente (Gá. 5:17). El deber del cristiano es fortalecer su naturaleza nueva para vencer sobre la vieja naturaleza carnal, para ello, debe someterse a la cruz de Cristo y moverse y moverse en el Espíritu de Dios (Gá. 5:24-25; 5:16).”[1]

 

LINKS QUE NO DEBE DEJAR DE VISITAR:

 

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[1] Vega, Mario. Manuel de Doctrinas Básicas, Página 30, párrafo 5. Vigésimo novena edición.  Elim Internacional.

MARIO VEGA Y SU PERSPECTIVA DE LA IGLESIA ANTE EL SIGLO XXI

MARIO VEGA Y SU PERSPECTIVA DE LA IGLESIA ANTE EL SIGLO XXI.

 

“ENSAYO DE EL LIBRO LOS MINOTAUROS EN SUS LABERINTOS”

 

Por Henry Preza.

 

 SI DESEA COMPRAR EL LIBRO ESCRIBA A henrypreza@gmail.com

 

Un nuevo libro del Pastor Mario Vega aparece a la venta en las librerías de la iglesia Elim y en diferentes partes del mundo. Esto trae tras de sí las observaciones de muchos lectores, las expectativas de los miembros de la iglesia y la agudeza de muchos ministros que siempre están pendientes de lo que se está escribiendo.

 

Tenía doce años cuando leí el libro “El Siervo de Restauración” del pastor Mario Vega. Aunque por ese tiempo sabía muy poco del escritor y de su ministerio quiero contarles que para mí fue una experiencia sumamente impactante el leer ese libro. Cada página mi mente se sumergía más en su contenido y me hacía comprender la necesidad de que hayan ministros de Dios. Recuerdo que el libro me dejó una impresión muy clara de lo que quería que sucediera en la iglesia. A la vez pensé que si las personas lo leían podían surgir los cambios tan esperados en la iglesia.

 

Al comparar los libros El Siervo de Restauración con Los Minotauros en sus Laberintos puedo notar una semejanza muy entrelazada. No solamente creo que es la continuación sino la conclusión del Siervo de Restauración. Aunque se dejan ver dos grandes diferencias entre uno y otro.

 

En el primer libro mencionado vemos a un Mario Vega escribiendo sin ninguna experiencia en el ministerio, basado nada más en la observación y la crítica de lo que tenía en su alrededor. Lo vemos muy reflexivo, pero, a la vez con un matiz de conclusiones muy sencillas que más parecen ser su propio anhelo de convertirse en ese Siervo de Restauración. No puedo decir más sobre eso, pues, no llegaba ni siquiera a los treinta años cuando lo escribió. Pero, también debo reconocer que aunque inexperto en el ministerio ya mostraba una verdadera madurez y convicciones muy claras respecto de lo que para él debía ser el ministro. Conclusiones que para algunos ministros pueden llegar a sacarse después de varias décadas, por medio de las experiencias y fatalidades, el joven Mario ya las tenía en mente y las tenía como una norma de su vida.

 

Aquellos problemas que se veían en la iglesia durante la década de lo 80 ya habían sido vislumbrados por Vega cuando ni siquiera se le tomaba importancia en los lugares donde sucedía.

 

En el segundo libro mencionado, el más reciente, ya vemos a un Mario Vega que ha pasado por más de 25 años de ministerio, que ha llegado a sus cincuenta años y que como pastor General tiene que estar atento de las necesidades de sus casi 200,000 miembros. Después de todos esos años sin duda alguna él ya puede hablar con más propiedad y mayor experiencia. Quizá esa sea la razón por la que Los Minotauros en sus Laberintos tenga un tinte desafiante, pero, a la vez amoroso y hasta paternalista. Sin contar con el hecho de que después de tantos años y tener la posición que él tiene es el responsable de muchas ovejas y del desarrollo histórico de gran parte de la iglesia en estos últimos años.

 

El joven Mario que hablaba reflexivo ahora es ya un hombre maduro que ha visto ante sus ojos como los Siervos de Restauración están más escasos y como el Nombre de Dios es blasfemado por los mismos creyentes. Esto le hace sentir muy mal y le hace escribir un libro que parece haber sido hecho con el corazón.

 

LOS SENTIMIENTOS DEL PASTOR.

 

Los Minotauros en sus Laberintos no son páginas simplemente escritas para hacer crítica destructiva. No son una simple reflexión basada en los hechos. Dejan ver los sentimientos del Pastor y su estado de ánimo, en ese momento, frente a la iglesia del siglo XXI.

 

Su forma de redacción es totalmente diferente a los otros libros. Aunque no cambia su estilo personal si debo decir que su forma de escribir se vuelve algo más personal, se siente que es más que un libro, son los sentimientos y el corazón de Mario Vega. Bien, podría definir con toda propiedad a éste libro como las Lamentaciones del nuevo siglo, tomando el papel del Jeremías contemporáneo. Sólo alguien con el dolor de Jeremías puede ver las cosas de la iglesia con dolor.

 

Veo un Mario Vega lleno de dolor, con mucha tristeza, cansado de la situación cristiana y con deseos que todo cambie. Más que líneas escritas, él parece querer decir que no desea que todo termine sin que los Minotauros de la iglesia mueran primero. Este escrito se vuelve algo muy personal. La persona que lo lee bien puede imaginarse a Mario aconsejándole personalmente. Puedo notar a un Mario Vega sintiendo la culpa de los otros, se siente culpable del pecado de los demás. Parece tomar esa culpa sobre sus hombros, como los profetas de antaño que pedían perdón por su pueblo. Por ejemplo dice: “Joven hay mucho por lo cual pedirte perdón. Falsos profetas e iluminados, profetizas vengadoras…” (Pág. 79, Párrafo 3).

 

A la vez todas sus preocupaciones salen a flote. Quizá la más grande preocupación o temor si así se le puede llamar es reflejada en una sola idea. Todo el libro lo menciona y es la idea que ya no aparezca una nueva generación que sirva a Dios como al principio. Que la iglesia deje de ser iglesia y del todo se eche a perder. Es el lamento de un pastor que ve como Laodicea entra a quedarse y él sin formar parte. Una Laodicea que no trae nada bueno, sólo pecado e inmoralidad.

 

Además de sus temores, sentimientos de impotencia son presentados. Con palabras tales como: “La oscuridad comienza a inundarlo todo. Se va el día, se va el siglo, se va el milenio. ¡Oh, Jesús! ¡Quédate que hace frío! ¡Visita a esta iglesia Laodicence que estás a punto de vomitar!” (Pág 25, Párrafo 1). No obstante, no es una impotencia que lleve a la desgracia. La misma impotencia le hace humillarse a Dios y pedir auxilio. ¡Cuánto se necesitan hombres así de rotos!

 

Mario Vega parece llenar de lágrimas algunas páginas, y aquellos que comprenden lo que dice pueden derramarlas con él. Este sin duda ha sido para mí el libro que me ha hecho sentir dolor, y ha hecho sentir dolor a sus concientes lectores.

 

Sus sentimientos se siguen mostrando. El ver la decadencia de la iglesia le hizo reflexionar sobre los que ya no están y fueron fieles. Se cumple aquella expresión acerca de cómo se valora lo perdido.

 

La misma dedicatoria va dirigida a un perfecto desconocido, (desconocido para el mundo, pero, reconocido para Dios),  un pastor comprometido, Una excelente dedicatoria, pues, aquel que la recibe ya no está interesado en vanagloriarse por ella, pues, está con Dios. De esta manera él desea dar un pequeño tributo aquellos de los cuales nadie se interesa.

 

Al leer este libro puedo ver sentimientos a flote, pero, también no será que son transmitidos los sentimientos de Dios.

 

SU VISIÓN HISTORICA.

 

Muy pocas personas han escrito su visión histórica de la iglesia Latinoamericana. Pero, aún muy pocos (quizá ninguno más) han escrito un análisis espiritual de la historia cristiana de Latinoamérica. Es eso lo que Mario Vega hace en este libro. No sólo habla de una historia vista desde el punto de vista de los hombres. Trata de ver la historia de la iglesia desde el punto de vista de Dios.

 

Cuando habla de la iglesia pasada (año 1900-1950) y su sufrimiento, hasta parece desear que esos tiempos vuelvan. No por la persecución ni el sufrimiento sino porque aquella iglesia limitada parecía amar más a Dios. A la vez el contraste con la iglesia actual que lo tiene todo, pero, lo que menos parece es amar a Dios.

 

Lo que nadie desea, él lo desea. No porque sea un hombre que va en contra del modernismo, sino porque la iglesia al tener tanto se ha despojado de los valores de Dios.

 

Por eso entre líneas uno puede ver la visión histórica-espiritual de Mario Vega. A más años más crecimiento y a la vez más deterioramiento de lo espiritual. De eso trata según mi perspectiva. Aunque supongo que Mario Vega ni cuenta se dio de eso mientras escribía, aunque tal vés era lo que sentía.

 

El ver a la iglesia a través de la historia hace a Mario Vega hablar con franqueza. Por eso es que por momentos habla muy directo y pone el dedo en la llaga. En un  instante se alegra del final de un siervo de Dios (el anciano pastor), pero, eso le hace recordar la desgracia y la torpeza de los “ministros de hoy.” Por eso exclama muy seguido: “se cerraron para ya no ver (los ojos del venerado pastor) a las congregaciones aplaudiendo estridentemente a sus pastores cuando les presentan a su nueva mujer. ¿Cómo hemos llegado hasta ese punto? ¡Si esto es el evangelio que venga Dios y lo vea! ¿Son estos villanos miembros de Cristo? Si es así, Cristo ha cambiado mucho desde el día en que era santo, inmaculado y separado de los pecadores. ¡Ah, Señor que me desvela la verdad! ¿Dónde está esa voz lo suficientemente fuerte como para despertar a los cristianos que dormitan? Dime, Maestro, ¿falta mucho para el amanecer?”

 

El Pastor Mario Vega no toma la historia de la iglesia actual como algo ajeno a su persona. Es algo que le trae mucha preocupación y a la vez indignación. Por eso como estas palabras hay más que se mencionan en las demás páginas del libro.

 

Así debería ser con nosotros también. No sólo vivir en medio de la historia sino hacer algo por el buen final de la historia. Que este libro anime a los lectores a no quedarse paralizados ante tanta desolación espiritual.

 

LA MITOLOGÍA Y EL CRISTIANISMO.

 

El Pastor Mario Vega es un lector desde su niñez. Leer para él no es una obligación ni algo que haga sólo para superación personal. Es parte de su vida, es algo que hace por que le gusta.

 

Quizá entre los tipos de literatura que más le atraen esté la de la mitología. En más de una ocasión creo haber escuchado tal afirmación de parte suya. Sí, aunque le parezca extraño, un pastor que le gusta la mitología. El hecho es que Mario Vega es un amante de la cultura y el arte, no sólo se dedica a estudiar la Biblia sino que lee casi cualquier cosa. Esa es la razón por la que yo podría considerarlo uno de los hombres intelectualmente más sobresaliente de la iglesia en los últimos 100 años. No sólo por lo que escribe ni hace, sino porque sus palabras mismas y cada predicación bien podrían convertirse en decenas de libros si alguien se lo propusiera. Aunque sé que ese tipo de reconocimientos a él para nada le importan, pues, que se reconozca su capacidad nunca ha sido su prioridad ni es algo que le interese.

 

Para aquellos que pensaban que no se podía utilizar la mitología para ser aplicada al cristianismo aquí tenemos una obra excelente que la ocupa y saca aplicaciones de calidad.

 

El Pastor Vega  toma como base la historia del Minotauro para reflejar la situación de la iglesia. Menciona varios laberintos en que se encuentra en Minotauro cristiano. Entre ellos los encuentros, la falta de palabra, un cristo adaptable al pecado y el peor de todos el de engañarse así mismo o el de ser endurecido por Dios para perdición al conseguir las respuestas a la oración sin merecer el favor de Dios.

 

El minotauro cristiano es, según el libro,  una especie de persona engañada. Es el producto de los pastores que no predican el evangelio verdadero. Es la mezcla de remordimiento con pecado, es la mezcla de una persona que se cree cristiano sin serlo con la ayuda de engañadores y estafadores que le animan a creerlo. El minotauro cristiano no tiene experiencias con Dios, es emocionalista, no pasa el examen de la Palabra de Dios y vive en pecado, y a la vez quiere los favores de Dios.

En la Mitología el Minotauro era un  “monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre. Era hijo de Pasífae, reina de Creta, y de un toro blanco como la nieve que el dios Poseidón había enviado al marido de Pasífae, el rey Minos. Cuando Minos se negó a sacrificar el animal, Poseidón hizo que Pasífae se enamorara de él. Después de dar a luz al Minotauro, Minos ordenó al arquitecto e inventor Dédalo que construyera un laberinto tan intrincado que fuera imposible salir de él sin ayuda. Allí fue encerrado el Minotauro y lo alimentaban con jóvenes víctimas humanas que Minos exigía como tributo de Atenas. El héroe griego Teseo se mostró dispuesto a acabar con esos sacrificios inútiles y se ofreció a sí mismo como una de las víctimas. Cuando Teseo llegó a Creta, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de él. Ella lo ayudó a salir dándole un ovillo de hilo que él sujetó a la puerta del laberinto y fue soltando a través de su recorrido. Cuando se encontró con el Minotauro dormido, golpeó al monstruo hasta matarlo, salvando también a los demás jóvenes y doncellas condenados al sacrificio haciendo que siguieran el recorrido del hilo hasta la entrada.[1]

Igual que como hizo Teseo el pastor Vega sugiere la necesidad de Teseos en la Iglesia que acaben con los minotauros actuales. Esta sería su versión del Siervo de Restauración aplicándolo con esta historia mitológica.

LA POSICIÓN CORRECTA DE LAS RIQUEZAS.

 

            Como el mismo pastor Mario lo dice, éste libro es el resultado de larga reflexión. En verdad no se va siguiendo una sola línea de pensamiento. Son varios pensamientos diferentes, pero, que al unirlos entre sí forman el libro.

 

            El pastor habla de varios temas. En verdad, el nombre del libro sólo hace referencia a uno de sus capítulos. Los demás temas son diferentes, pero, siempre van hablando de la misma situación: La iglesia actual. Hasta él mismo en un principio tenía la idea de ponerle otro nombre al libro: “La Iglesia al final del Siglo.” Yo estoy más de acuerdo con ese nombre aunque con una modificación: “La iglesia comenzando un nuevo siglo.”

 

            Por ejemplo, después de hablar de los Minotauros pasa a hablar del uso que la iglesia debe darle al dinero y la importancia que éste debe tener para los ministros. Sin duda, este tema no podía ser ignorado, pues, la crisis de la iglesia tiene su origen, en gran parte, al uso indebido de la riqueza.

 

            El pastor Mario habla en todo ese capitulo respecto a que lo más importante no es el dinero, ni cuanto se tiene ni cómo se usa, sino en si nuestro corazón está en las riquezas. Habla de cómo la ruina de muchos predicadores se ha debido al  amor por el dinero. También defiende la idea que alguien podría tener dinero y no tomarle importancia.

 

            Por otro lado, también tenemos en esa parte del libro una enseñanza muy clara que yo podría definirla de la siguiente manera y en una frase: “La persona rica no es la que tiene más sino la que gasta menos.”

 

La posición de las riquezas para el Pastor Vega no debe sobre estimarse al punto que sea nuestra mayor motivación. Él mismo es un ejemplo de eso, pues, es una persona que vive humildemente y con lo necesario. Cosa imposible de creer en un pastor de una iglesia como la de él. Sin embargo, él se ha mantenido viviendo lo que predica en cuanto al dinero. No es una persona que anda con ropa carisima, ni siquiera con una corbata puesta todo el día, ni con prendas extravagantes. Es alguien que sabe vivir para Dios y no para la apariencia.  Aquellos que así lo hacen serán galardonados por Dios.

 

Sin duda su posición en cuanto a las riquezas igual que el demás contenido del libro es un reflejo no sólo de lo que piensa sino de lo que vive.

 

 

 

DE PADRE A HIJO.

 

Aquellos que ya leyeron el libro sabrán que por momentos el lenguaje ocupado parece como el de un padre dirigiéndose a su hijo. A mi me recordó al buen apóstol Pablo dirigiéndose a Timoteo en su segunda carta.  En el libro el Pastor Vega toma el lugar de alguien que está aconsejando al cristiano que comienza a determinarse por la rectitud.

 

Él parece aconsejar basado en su experiencia. Parece haber sufrido primero lo que predice a los que quieren vivir para Dios. Aunque su lenguaje en algunos momentos es desafiante en las últimas páginas del libro se muestra como alguien que anima a otros a no darse por vencidos en su lucha por mantener la verdad.

 

Es como un padre, pero, a la vez como un maestro. Su auditorio son aquellos casi extintos hombres que buscan la humildad. No les habla de grandezas sino de muerte y sufrimiento, pero, les anima a que sufran y se humillen, l