Razones para no divorciarse
Razones para no divorciarse
El hecho es que para mí el divorcio no es un tema fundamental para la familia ni tampoco necesario para aquellos que quieren vivir junto a sus familias en la voluntad de Dios.
Mientras cientos de teólogos pelean por determinar si el divorcio es aprobado por Dios o no, yo prefiero escribir y hablar acerca de los problemas que conlleva el divorcio, el impacto en los hijos, los problemas futuros con ellos, pues, eso habla y persuade más que la discusión de cientos de teólogos para permitirlo o condenarlo.
Cuando los consejeros están tratando de paliar los problemas que esto conlleva, miles de niños, jóvenes y mujeres se están destruyendo a causa de las consecuencias.
Así que, prefiero hablar de las consecuencias. Hablar de los problemas, del porqué es dañino el divorcio. Es mejor que estar hablando de cuando el divorcio es aprobado, de cuando es incorrecto. No tiene tanto sentido hablar de eso.
En esta ocasión deseo con la mayor simplicidad posible dar algunas razones para no divorciarse a aquellos que debido a las presiones y problemas familiares que no pueden solucionar ven este error como una opción probable o absoluta. También es para los que querían leer algo sobre el divorcio. Hay algunas partes más adelante que hablan de otros aspectos que usted conocerá conforme avance su lectura.
Todos los teólogos, estudiosos y pastores que aprueban el divorcio consideren los puntos que a continuación mencionaré:
Razón 1: Rebelión contra el deseo de Dios
El matrimonio no fue instituido para una temporada. Que sentido habría en formar una familia, dividirla y comenzar una nueva destruyendo la anterior.
Dios desea que el hombre llegue al matrimonio y se mantenga fiel hasta la muerte. La infidelidad es una de las causas del divorcio. Aunque haya otras razones la verdad es que después del divorcio las personas suelen buscar nuevas parejas. Veamos la posición de Jesús en cuanto al divorcio.
Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” (Mateo 19:3-6).
Al divorciarte estás en rebelión al deseo de Dios. Su deseo es que lo que Dios juntó no lo separe el hombre. De tal manera que cuando tú te divorcias jamás estarás agradando a Dios. Podemos hablar acerca de las razones por las cuales sí nos podemos divorciar, si hubiera varias, pero, caemos en una situación parecida a la de los fariseos. Continúa el relato: “Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; más al principio no fue así.”
La respuesta de Jesús está tan clara que hasta los niños la entienden. Al principio en la mente de Dios no existía la idea de divorcio para las familias que él formaría.
Los israelitas eran necios. Ellos querían estar cambiando mujer casi todos los días. Me imagino que Moisés comenzó explicándoles, pero, ellos eran revoltosos. Así que, lo permitió, pero, el mismo Jesús dice que no era lo mejor, pues, no era esa su voluntad para los hombres.
Tampoco el divorcio es su voluntad hoy. Pero, entonces algunos saltan y dicen: “¿Ya leyó el siguiente versículo?”. Claro, el mismo Jesús en el versículo nueve que sigue de la porción que leíamos dice que no hay ninguna razón por la que él apruebe el divorcio, excepto por fornicación. Óigame, pero, la fornicación es PECADO. Si usted quiere tomar eso como un arma para divorciarse tiene que convertirse en un fornicario o su esposa tiene que adulterar. Acaso es la voluntad de Dios que forniquemos. No, en la escritura dice que nos apartemos de la fornicación y no está jugando.
Lo que Jesús deja ver es que la fornicación es capaz de destruir cualquier familia. Sin embargo, nosotros no pensemos en eso. Pensemos en restaurar las familias, en sacar del pecado a los adúlteros en el Nombre de Jesús. El Señor puede ayudarles a ellos.
Razón 2: La familia se destruye.
Es tan común escuchar personas que dicen: “Yo ya no amo a mi esposa, mi matrimonio ya no tiene razón de ser,” pero, en realidad no se mantiene una familia unida porque uno se ama. Deberíamos amarnos porque somos familia, y no tener ni siquiera la mínima idea de separarnos.
El divorcio hace familias incompletas y rompe la unidad. Además de estar en contra del deseo de Dios.
Me asombra ver personas divorciadas que todavía se preguntan porque sus hijos o ellos están tan destruidos. Algunos mantienen la idea que el divorcio no afectará su unidad familiar. “Todo será igual, pero, ya no nos trataremos como esposos sino como amigos.” La misma mentira de siempre.
La verdad es que no importa si detrás del divorcio hay intenciones buenas o malas, como algunos lo suponen. Al corto tiempo estas personas podrán ver que es imposible mantener una familia unida estando separados. Hablar de esto es tan absurdo, pero, es en lo que algunos creen. Es absurdo pensar que la familia puede seguir igual en todas las áreas si están separados. Por eso es que la simple separación es muy igual en implicaciones y consecuencias comparándola con el divorcio. Porque se sigue el mismo patrón: La destrucción de la familia.
El decir general de la gente es que la familia es la base de la sociedad. Entonces, desde esta lógica familias destruidas forman sociedades destruidas.
En países como el nuestro (El Salvador), donde hay altos índices de violencia y a la vez cientos de personas yéndose ilegales a Estados Unidos podemos claramente enfocarnos en que la causante principal es la desintegración familiar.
El modelo económico implantado en El Salvador es el que ha arrasado con la situación financiera de las familias atrayendo la pobreza y llevando a la desintegración a cientos de familias. Es un problema enorme. Si usted va preguntando casa por casa se dará cuenta que en casi cada hogar hay alguien que está ilegal en Norte América.
Aunque el problema mayor aparentemente es resuelto con esa sutil desintegración familiar la verdad es que con eso comienzan los verdaderos problemas familiares. Desintegración familiar es destrucción y desestabilidad familiar y social.
Una de las razones principales para ni siquiera pensar en el divorcio es que la destrucción familiar dada por la desintegración afecta primordialmente a los niños y genera futuras familias inestables. Los niños no merecen que sus padres se separen. Usted tal vés no sabe cuánto afectará a su familia, o quizá usted mismo fue víctima cuando era niño y hoy lo está reproduciendo, pero, en verdad deténgase.
Razón 3: Los hijos sufren.
Describiría el divorcio en una sola palabra: locura. Ver sufrir los niños al ser víctimas del divorcio de sus padres es algo que noto una y otra vez, y me llena de tristeza.
Sin embargo, debo decir que los adolescentes muestran quizá más fácilmente una serie de problemas a causa del divorcio que solucionarlos realmente es un dilema.
El sufrimiento en los jóvenes se nota por la rebeldía, la soledad y la tristeza que ellos muestran.
El hecho es que el sufrimiento no es algo que se quede como un tema de segunda mano. Por el divorcio sufren los niños, los adolescentes, los hijos adultos y hasta los mismos padres como ya se sabe.
Sufren porque se dan cuenta que han perdido su familia, piensan que ellos son los culpables, que perderán el amor de sus padres. Sufren a causa del divorcio que les conlleva a la depresión.
Razón 4: La historia se repite
No se trata de divorciarse sino de solucionar los problemas de fondo. No se trata de buscar la misma solución que quizá sus padres tomaron. Es algo mayor lo que debes hacer. Para qué cometer los mismos errores de otros.
Cuando una pareja se divorcia a veces lo hace porque ya no soportaban los problemas que tenían. Para desahogarse de ellos deciden la separación. Poco tiempo después se casan con otra persona esperando que en esa ocasión las cosas sean mejores.
El problema es que al pasar el tiempo comienzan a tener problemas iguales o parecidos que los que tenían con sus parejas anteriores. La historia se repite y parece un círculo vicioso.
El punto está en que al ellos haber huido de los primeros problemas usando el divorcio, lo único que hicieron fue escapar momentáneamente. Al no haber solucionado el verdadero problema este aparecerá de nuevo en el futuro.
La historia se está repitiendo una y otra vez, pues, no solucionaron su problema.
Supongamos que un hombre es celoso y de carácter agresivo, y esto lo llevó a desconfiar injustamente hasta que se divorcio de su esposa. Tiempo después se casa con otra mujer, y de repente otra vez los celos y la agresividad. Entonces el hombre puede decir: “Yo no sé porque sólo mujeres malas he tenido.” Yo le diría: “No, señor. Las mujeres que tiene no son malas. Usted es el problema.”
Este fulano hubiera podido solucionar su problema en su primer matrimonio, pero, no. El cobarde mejor se separó en lugar de elegir buscar ayuda. Pero, eso no lo salvó de los mismos problemas en el futuro. La historia se repitió, pero, porque no se solucionó el verdadero problema.
Así que usted ante los problemas familiares no piense en el divorcio. Esa es la escapatoria de los cobardes. Si no soluciona su problema de fondo jamás vivirá feliz. Hay esperanza para su matrimonio.
Evidentemente, las razones para no divorciarse son mucho más convincentes que las motivaciones de las personas para separarse. Quizá lo que más debería hacernos pensar en decir no al divorcio es que las consecuencias son peores. Lo que estarás logrando es que los problemas aumenten más y más.
Realmente como cristianos no deberíamos tener esta frase en nuestro vocabulario ni siquiera en broma, pero, la realidad es otra. Cientos de parejas cristianas se separan atrayendo sobre sí perdición para ellos y sus familias.
El Reino de Dios enseña valores de unidad familiar. Si Jesucristo estuviera de acuerdo en la separación y el divorcio estaría en contra de los pensamientos de su padre y se cuestionaría su divinidad. En este reino establecido por nuestro Señor Jesucristo y del cual formamos parte no se trata de pelearnos, ni de separarnos sino de amarnos con el amor de Dios y mantenernos unidos hasta su venida.
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